La voz de Saimon era baja, autoritaria, amenazante, y aunque Jamil lo veía con sorpresa, no lo veía con miedo.
—¿Qué?
Casi tartamudeó aquella pregunta, entonces Saimon apretó un poco más su muñeca, tratando quizás de llevarlo aún más cerca de él.
—Que es hora de que te hagas responsable de lo que hay entre nosotros, de lo que sientes, de lo que yo siento.
Jamil cerró los ojos un instante, no porque el agarre de Saimon le causará algún dolor, solo era el hecho de que no podía verlo a los ojos o