Capítulo 19
Los perros estaban parados en la entrada de la cocina, gruñendo bajo con los dientes a la vista.
Vlad se detuvo, con los brazos cruzados y el cuerpo inmóvil como una estatua. No necesitaba ver para saber.
— Sal —dijo con voz baja—. O iré tras de ti.
Silencio.
Entonces un leve chirrido vino desde el lado de la cocina; la puerta daba al jardín. Escuchó a alguien intentando retroceder.
Los perros avanzaron un paso, gruñendo más fuerte.
Vlad levantó una ceja. El aire a su alrededor pare