Antonella cierra la puerta de la oficina, baja las escaleras, va a la oficina de su jefe quien parecía estar aguardando por ella.
—Hasta mañana Angelo, que tenga un buen descanso. —Se despide desde la puerta.
—Aguarda un momento, Antonella. —dice con voz firme.
—Sí, dígame. —Entra a la oficina y se detiene frente al escritorio.
—¿Puedes sentarte un momento?
La pelirrubia asiente, el tono serio de su jefe indica que debe decirle algo muy importante.
—¿Ocurre algo? —pregunta anticipán