Marcos despierta con un excelente ánimo y deseo de ver entrar por la puerta a su enfermera. La puerta se abre lentamente y éste se emociona.
—Entra de una vez, Estefanía.
Mauro asoma ligeramente la cabeza en la habitación.
—Soy yo hijo. —dice mientras entra y cierra la puerta.— Me alegra verte y escucharte de buen ánimo.
—¿Qué quieres papá? —pregunta en tono hostil.
—Vine a ver como te sientes y a traerte esto —dice mostrando la caja en su mano— Sé que debes necesitarlo.
—¿Un celular?