Antonella, abotona rápidamente su blusa, y regresa para ver de quien se trata. Abre la puerta y la sonrisa ladeada de su jefe, la obliga a sonreír.
—Dejé mi móvil olvidado sobre la mesa.
—Iré por él —Antonella se pierde por el largo pasillo, mientras Angelo aguarda de pie, frente a la puerta.
La pelirrubia regresa con el celular en la mano.
—Sí, estaba justo en la mesa.
—Disculpa por molestarte, veo que ya estabas por dormir —dice mirando el botón de la blusa mal cerrado.
Antonella m