—¿Se lo dices tú o les digo yo? —Marta murmura frente a sus hijos.
—¿Qué nos tienes que decir? —insta el perspicaz Sam— ¡Dinos, papá!
Albert traga en seco, aquel paso que está por dar, puede ser irreversible.
—Sí, papá. ¿Qué es? —pregunta la pequeña Shirley.
Viendo el silencio de Albert, Marta se adelanta:
—Papá regresa a casa.
La alegría y el brillo en los ojos de sus dos hijos, son suficientes para que el CEO, sólo asienta y sonría al ver las felicidad, en sus rostros, reflejada.