El amor no se compra...
—¿Qué estás haciendo? —pregunta Albert incorporándose del sofá.
Nerviosa, pero de forma muy inteligente y audaz, le responde:
—Sólo vine a ver si estabas dormido.
—¿Qué hacías con mi teléfono en la mano? —cuestiona.
—Nada —responde con firmeza— Veía la hora para verificar que aún no le corresponde el tratamiento a Sam.
—Se lo di antes de dormirme —dice achicando los ojos.
—Vale, entonces me iré a descansar. —contesta. Ya tenía en sus manos lo que necesitaba para enfrentar y detener a