—Gracias por quedarte conmigo.
—No tienes nada que agradecerme, Antonella. No podía dejarte sola en un momento como este. —Fabiano abraza a la pelirrubia.
Antonella escucha el auto detenerse, pero cuando voltea a ver, ya se ha ido.
—Espero que tu nonna esté mejor.
—Sí, pronto estará de regreso. No dudes en llamarme si me necesitas. Aunque el sofá no sea muy cómodo —Le da un guiño y ella sonríe.
Fabiano se aleja mientras ella entra a su casa.
En tanto, dentro del coche, Albert apriet