Sus cuerpos comienzan a arder a medida que sus labios danzan en un mismo y sinuoso compás. Con su lengua fálica, Albert hurga dentro de sus labios, entra y sale simulando lo que tanto desea, poseerla y que ella pueda sentirlo dentro.
Una de sus manos se pasea por su espalda, mientras la otra desciende por la curvatura de su cintura hasta detenerse en su trasero. Aquel deseo contenido desde hace algunos días atrás, comienza a desatarse con intensidad y lujuria.
Antonella, al igual que él, ex