Al entrar a la habitación, Albert comienza a desvestir a Antonella, mientras también va deshaciéndose poco a poco de su ropa. Una vez que sus cuerpos quedan desnudos, él la abraza y la vuelve a besar. La pelirrubia siente en sus labios, el sabor de su propia intimidad y con un gesto perverso, le devuelve un beso con igual pasión e intensidad.
Antonella rodea con ambos brazos su cuello, dejando que sus pechos firmes se amoldan al suyo. Albert la abraza por la cintura y la dirige hasta la cama;