En tanto, en el apartamento que Antonella comparte con Blas y Macarena, desde hace cinco, la rubia se ocupa en preparar la cena.
En ese instante, la puerta se abre y entra la chica pelicastaña y robusta echa un mar de llanto, se dirige directamente a la sala y se deja caer en el sofá.
Antonella al verla, seca ambas manos con la toalla de cocina y va a su encuentro.
—¿Qué te ha pasado, Maca? ¿Por qué estás as�
—Es, es Miguel —tartamudea— Me ha dicho que no está seguro de casarse todavĂa