Albert baja de su coche, mira la hora en su Rolex. Ya casi es media noche, por lo que supone sus hijos deben estar durmiendo. Entra a la mansión y sube las escaleras precipitadamente, dispuesto a encarar a su ex mujer.
La ira y la frustración arden como un fuego dentro de su pecho. Al llegar a la puerta del dormitorio, respira hondo y la abre de forma abrupta. Marta está tendida entre las sábanas blancas; su rostro descontraído y sereno, evidencian lo relajada que se encuentra.
Aquella imag