Jen Saldaña
Miami
Mi cuñada se dio cuenta a través del espejo que estaba a punto de romper en llanto, yo me quería aguantar y que pasara rápido este sentimiento de impotencia de no saber que hacer. Porque estaba lista para casarme pero no con el hombre indicado, no con el padre de mi hijo. En mala hora vine a hacer esa locura de contratar a Jacob.
– ¿Te gusta, como quedaste, Jen? Si no te gusta, te puedo cambiar la peineta. He traído más broches. – se apresuró a decirme Luz Mary.
Lo bueno era