Fernando tragó saliva. Jamás se imagino que quien consideraba su futuro cuñado estuviera ahí reclamándole tal cosa.
Eso era simplemente imposible.
Así que cuando recuperó su voz, dijo:
— No sé de qué hablas. No hay nada que decir.
— Claro que lo sabes. Y lo sabes muy bien.
— Liam... De verdad que no tengo idea, seguro que Alondra, debió de haber escuchado mal.
— Escuchó bastante bien, ¿Quieres que te refresque la memoria?
La voz del heredero Rodríguez era fría.
Peligrosamente