Capítulo 22. Logística sobre diez centímetros
FERNANDA
—Te lo juro, Vale, ese hombre no es humano. Estoy convencida de que, si le cortas un brazo, en lugar de sangre le van a salir códigos de barras y aceite para engranajes —le susurré al teléfono, pegada al gran ventanal de mi habitación mientras miraba el azul infinito del mar Egeo.
Al otro lado de la línea, la risa escandalosa de mi prima y mejor amiga, Valeria, resonó desde la Ciudad de México, haciéndome sentir un poquito más cerca de casa.
—Ay, primita, pero bien que te estás dando u