Era como una bestia escapada del infierno.
Feroz, aterradora.
Sus garras podían destrozar a su presa sin esfuerzo.
Pero, en lugar de eso, solo jugaba con ella; todo estaba bajo control.
—No cruces la línea —su voz era baja y suave, pero cada palabra era como un cuchillo atravesándole el corazón—. No puedes permitírtelo.
Era una advertencia, también una amenaza.
Pero lo que Kylie escuchó con más claridad fue miedo.
¿De qué tenía miedo?
Cuando por fin salió de su shock, él ya no estaba.
Kylie se