Cora.-
Empezaba a odiar cada amanecer. Mi rutina era la misma todos los días: prepararme para mis terapias. La fisioterapeuta era una imbécil. No sé de dónde Julia la sacó.
Estaba empezando a pensar que mi hermana me odiaba y quería torturarme. Esa mujer era una mierda. No se conmovía con mi frustración.
Luego me encerraba en mi habitación, solo a esperar que llegue la noche para cerrar los ojos y olvidar mi tragedia.
Yo solo era una mancha… una sombra de tristeza y vergüenza en la vida de las