Dilon.-
Escuché el sonido de la reja abrirse. Este lugar es deprimente.
El guardia apareció con mi abuelo esposado. Su barba estaba más crecida, el cabello revuelto, el rostro marcado con profundas ojeras... pero sus ojos seguían iguales: duros, fríos, con esa maldita aura orgullosa y prepotente de quien aún se cree el dios del mundo, incluso desde una celda.
Se sentó frente a mí en silencio, esperando a que el guardia se retirara.
— ¿Y? —preguntó, seco, directo, como siempre.
— Hice lo que me