Brian.-
— ¿Maggie? ¿De verdad?
Ángelo se acerca, alejándome de todos susurrando con misterio.
— ¡No lo sé! Yo también me hago la misma pregunta, además el imbécil ese me cae como patada en el estómago.
— ¿Por qué? –pregunta conteniendo una risita burlona–. Porque no deja de ver a Julia como si se la quisiera comer.
Mis ojos casi lo fulminan.
— En parte, si se acerca más de la cuenta mis planes fracasan, tengo que deshacerme de él.
— ¡No! una cosa es que te quieras burlar de Julia, pero otr