Lo ignoré y me fijé únicamente en la bandeja tapada que guardaba un manjar.
—Te traje un poco de lasaña casera, vegetales y gelatina de fresa—comentó al tiempo que depositaba la bandeja sobre la vieja cama, a un lado de mí.
Sus ojos grises se encontraron con los míos y del bolsillo de su pantalón sacó un pequeño jugo de manzana con una pajilla.
—Come con calma, por favor, o te caerá pesado…
Apenas escuché sus palabras cuando me abalancé a la bandeja.
Fue una deliciosa probar aquella lasaña he