—¿Tessa? —dijo él, sobresaltado. Casi podría jurar que sus preciosos ojos aceitunados estaban entornados y escudriñando a su alrededor, en mi búsqueda.
—¿Qué? —musitó su acompañante con extrañeza.
—Cierra la boca, creí haber escuchado la voz de…
—Barnaby, soy yo, Tessa, aquí estoy, justo debajo de ti—susurré con ansiedad—hay un sótano a mitad de la cocina.
—¡Dios! ¿Estás bien? Dime que sí… —exclamó Barnaby y maldijo entre dientes al darse cuenta que había alzado la voz—no logro ver nada, por f