—¿Quieres un algodón de azúcar? —me preguntó—porque tiene algún tiempo que no como uno y se me antoja ahora mismo.
No le hice caso y lo vi levantarse de la banca.
Por el rabillo del ojo, lo miré acercarse al señor de los algodones y suspiré. Si tan solo yo tuviera dinero en efectivo…
De pronto, un algodón de azúcar color rosa apareció en mi campo visual.
—No creas que elegí ese color porque seas mujer—le oí decir y volteé a verlo—es el único que quedaba. Yo también compré rosa.
—¿Puedo pregunta