Él era muy guapo y atractivo, eso era obvio, pero simplemente buscaba una aventura conmigo para no aburrirse en Zermatt y yo no iba a darle el gusto.
Tras un doloroso minuto de enviarnos miradas fulminantes como idiotas, Barnaby regresó a su asiento con aire sulfurado. Tenía el semblante ensombrecido de irritación y yo apenas podía respirar.
—Espero que todo esto que pasó, no se repita—dije—y también si vuelvo a vomitar o desmayarme, no me desnudes, por favor.
—¿Por qué no? En todo caso, hay u