Capítulo 46

—Espera, por favor… —jadeé en su boca.

—¿Quieres que me detenga o que siga? —murmuró en mi oreja, mordiéndome el lóbulo sin dejar de estimularme el pezón que ya estaba muy erecto y sensible. Dios, ¿Cómo era posible que mis pezones fueran una zona erógena jamás experimentada?

Quise apretar las piernas cuando él las separó de manera pervertida y rozó su rodilla en mi feminidad con toda la intención.

—Sigue—balbuceé, cegada por su contacto físico y él volvió a besarme con ferocidad, dándome leves
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