—¿Dormiste bien?
Salté ante la voz de Barnaby que surgió detrás de mí de manera fugaz.
—Lo siento, no pretendía asustarte—se disculpó, acercándose a donde yo estaba.
Volteé a verlo con perplejidad.
Él, al parecer, dormía con solamente pants sin playera. Y estaba ante mí con el dorso desnudo. Con su perfecto y bien ejercitado dorso. Con aquel cuerpo, comprendí que era un obseso del ejercicio.
Es decir, ¿Quién con esos abdominales marcados de manera impresionante no amaría el ejercicio y