Pasaron los segundos y Flynn se había recargado en el respaldo con la vista fija a la calle. Y me pregunté qué estaría ocurriendo en su cabeza en ese preciso instante. Tenía un aire triste, taciturno y sin ganas de existir.
¿Cómo era posible que tuviera ese aire tan deprimente siendo un joven con una fortuna de por medio, casi a punto de heredar una mina de oro? Tenía todo lo que quería.
A veces las personas con todo el dinero del mundo son menos felices que las que no tienen nada, ya que la