Capítilo 2

Jordan subió las escaleras sin dedicarle una sola mirada a Angelina.

El sonido de sus pasos resonó durante unos segundos, hasta que el silencio volvió a adueñarse de la villa.

Angelina permaneció inmóvil en medio del comedor. Sus ojos seguían fijos en las tres velas que aún ardían lentamente, como si ellas también se negaran a dejar que aquella noche terminara.

Respiró hondo.

No llores... Te prometiste que serías más fuerte...

Apretó los labios, pero el nudo que le oprimía la garganta era cada vez más difícil de soportar.

Con cuidado, tomó el pastel y lo guardó en el refrigerador. Después regresó al comedor para recoger la mesa.

Un plato.

Luego otro.

Cada movimiento parecía borrar poco a poco los sueños que había alimentado desde el día en que se convirtió en la esposa secreta de Jordan Wilson.

Cuando estaba a punto de recoger los últimos cubiertos, una vibración rompió el silencio.

El teléfono de Jordan, olvidado sobre la mesa, acababa de recibir un mensaje.

La pantalla se iluminó.

El nombre que apareció le heló la sangre.

Camille Laurent.

Angelina sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.

Antes de que pudiera apartar la mirada, el contenido del mensaje apareció en la pantalla.

"Tengo muchas ganas de verte mañana. Estos años sin ti han sido los más largos de mi vida. Esta vez, nada volverá a separarnos. 

Sus dedos comenzaron a temblar.

Nunca había revisado el teléfono de su esposo.

Nunca.

Respetaba su privacidad, incluso cuando él le cerraba la puerta de su propio corazón.

Pero esta vez, el mensaje había aparecido frente a sus ojos sin que ella intentara leerlo.

Retrocedió un paso.

Su respiración se volvió irregular.

—No... no puede significar lo que estoy pensando... —murmuró, intentando convencerse a sí misma.

En ese momento, Jordan bajó rápidamente las escaleras.

Al ver su teléfono sobre la mesa, lo tomó de inmediato.

Sus miradas se encontraron.

Durante una fracción de segundo, Angelina creyó ver un destello de incomodidad en los ojos de su esposo.

Pero desapareció enseguida.

Su rostro volvió a mostrar aquella frialdad de siempre.

—¿Has tocado mi teléfono? —preguntó con voz seca.

Angelina negó con la cabeza de inmediato.

—No... Solo recibió un mensaje.

Sin responder, Jordan bloqueó la pantalla.

Después levantó la vista hacia ella.

—A partir de hoy, deja de meterte en mis asuntos.

Cada una de esas palabras le atravesó el corazón.

Angelina bajó la mirada, incapaz de sostener la suya.

—Yo... lo siento...

Jordan no respondió.

Tomó su chaqueta y se la puso.

—Tengo que salir.

Angelina levantó la cabeza de golpe.

—¿Ahora? Ya es muy tarde...

—Es por trabajo.

Su respuesta fue breve, casi automática.

Abrió la puerta y salió de la villa sin esperar otra palabra.

Unos segundos después, el rugido del motor de su coche rompió el silencio de la noche.

Angelina corrió hasta la ventana.

Los faros se alejaron poco a poco hasta desaparecer al final del camino.

Se llevó una mano al pecho.

Nunca antes había sentido un dolor así.

Por primera vez desde que se casó con Jordan, un miedo profundo se apoderó de su corazón.

El miedo a perder al hombre que amaba.

Lo que aún no sabía era que Jordan no iba a ninguna reunión de trabajo.

Aquella noche iba a encontrarse con la mujer que estaba a punto de destruir su matrimonio.

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