Capítilo 3

Jordan estacionó su coche frente a un lujoso hotel en el centro de Londres.

Apagó el motor, pero no salió de inmediato. Permaneció unos segundos con las manos aferradas al volante, observando la entrada del edificio.

No tenía ninguna intención de estar allí.

Si había aceptado aquella reunión, era únicamente porque Camille le había hablado de un importante contrato internacional que podría beneficiar al Wilson Group. Los negocios siempre eran su prioridad. Esa era la única razón por la que había ido.

Finalmente, soltó un leve suspiro y salió del coche.

Apenas cruzó las puertas del hotel, una voz conocida lo llamó desde atrás.

—Jordan...

Él se dio la vuelta.

Camille Laurent caminaba hacia él con paso seguro. Su largo vestido rojo atraía todas las miradas, y su sonrisa seguía siendo tan radiante como años atrás.

—Gracias por venir —dijo con dulzura.

Jordan permaneció impasible.

—Me dijiste que era urgente.

—Lo es. Ven, estaremos más tranquilos adentro.

Ella lo condujo hasta un salón privado, donde el silencio contrastaba con el bullicio del vestíbulo.

Durante los primeros minutos hablaron del supuesto contrato. Camille mencionó algunos documentos, hizo un par de preguntas y, poco a poco, la conversación tomó un rumbo mucho más personal.

Lentamente, extendió la mano y la colocó sobre la de Jordan.

—Te he extrañado...

El contacto apenas duró un segundo.

Jordan retiró la mano de inmediato.

—No hemos venido aquí para hablar del pasado.

Por un instante, la sonrisa de Camille vaciló. Sin embargo, recuperó rápidamente la compostura.

—Entonces dime... ¿Nunca volviste a pensar en nosotros?

Jordan sostuvo su mirada.

—No.

La respuesta salió sin la menor vacilación.

Pero Camille conocía a ese hombre desde hacía muchos años.

Sabía reconocer cuándo mentía.

Cada vez que intentaba ocultar lo que sentía, su mirada se volvía más fría, casi imposible de descifrar.

Inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Y con ella... eres feliz?

Jordan guardó silencio.

No dijo una sola palabra.

No hizo el menor gesto.

Pero aquel silencio decía mucho más que cualquier respuesta.

Camille esbozó una leve sonrisa.

—Ya lo entiendo...

Cruzó los brazos.

—No la amas.

---

Al mismo tiempo, en la villa Wilson, Angelina seguía dando vueltas en la cama.

El sueño se negaba a llegar.

Cada vez que cerraba los ojos, el mensaje de Camille volvía a aparecer en su mente.

Quería confiar en su esposo.

Lo deseaba con todas sus fuerzas.

Pero su corazón ya no encontraba tranquilidad.

Después de unos minutos, se incorporó lentamente.

Abrió el cajón de su mesita de noche y sacó un álbum de fotos que había guardado con mucho cuidado.

Sus dedos acariciaron la cubierta antes de abrirlo.

La primera fotografía la hizo sonreír a pesar del dolor.

Era el día de su boda secreta.

Jordan sonreía.

En aquella época la miraba con una ternura que parecía completamente sincera. En sus ojos ella veía amor, orgullo... y la promesa de un futuro juntos.

Hoy, esa mirada había desaparecido.

Una lágrima resbaló por su mejilla y cayó sobre la fotografía.

Con la yema de los dedos acarició el rostro de su esposo.

—¿Dónde está el hombre con el que me casé...? —susurró con la voz temblorosa.

---

Al mismo tiempo, en el salón privado del hotel, Camille aprovechó un momento de distracción de Jordan.

Sacó discretamente su teléfono.

Desde un ángulo cuidadosamente elegido, tomó varias fotografías que hacían parecer que estaban disfrutando de una cena romántica.

Observó cada imagen con atención.

El resultado era perfecto.

Una sonrisa de satisfacción apareció lentamente en sus labios.

—Exactamente lo que necesitaba...

Sus ojos brillaron de satisfacción.

Sin que Jordan lo sospechara, la primera trampa contra su esposa acababa de ser tendida.

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