La mañana llegó gris y tenue, como si no hubiera decidido si quedarse.
Mia ya estaba despierta cuando Chris tocó la puerta.
Dos golpes suaves, como si no estuviera seguro de tener derecho a hacer más ruido que eso.
Abrió la puerta descalza, el cabello recogido en un moño suelto que ya empezaba a deshacerse. Llevaba una de las viejas camisetas de Chris, caída sobre un hombro. A él le golpeó el pecho más de lo que debería.
"Llegaste temprano," dijo ella.
"Tú no estás dormida."
Ella se hizo a un l