Mia volvió a sí misma en fragmentos.
No todo de una vez—nunca todo de una vez. Primero el dolor. Una molestia profunda y extendida que la hacía sentir como si la hubieran doblado mal y la hubieran dejado así. Luego los sonidos. Voces bajas. Zapatos sobre el suelo. Un monitor marcando un ritmo que no reconocía, pero que de alguna manera sabía que era suyo.
Sus párpados temblaron.
No los abrió.
Escuchó.
“…la presión se mantiene por ahora.”
“Por ahora,” repitió otra voz. Masculina. Cansada.
“Hemos