La habitación volvió a quedarse en silencio.
No vacía—nunca vacía en un hospital—sino instalada en esa pausa extraña entre interrupciones. Las máquinas zumbaban. Un carrito traqueteaba en algún punto del pasillo. Voces subían y bajaban al otro lado de la puerta, vidas continuando mientras la suya seguía atrapada en esa cama estrecha.
Mia miraba el techo, sin contar nada.
Chris estaba de pie junto a la ventana.
No se había sentado. No se había apoyado. Solo estaba ahí, con las manos en los bolsi