La mañana llega demasiado rápido.
Mia está de pie en la puerta de la habitación de los niños, con su bolso colgando de un hombro, las llaves frías en la palma de su mano. La habitación huele a talco de bebé y leche tibia. Una respiración suave llena el aire—dos ritmos distintos, ahora familiares, grabados en sus huesos.
Nathan suspira en su sueño. Noah se mueve, una pequeña mano levantándose como si alcanzara algo que solo él puede ver.
Mia no se mueve.
Seis meses, se recuerda. Dijiste seis mes