Los días se desdibujaron en semanas. Las semanas se suavizaron en meses.
Mia aprendió el ritmo de la empresa como se aprende una ciudad después de un desamor—con cuidado, por instinto, con un dolor silencioso debajo de todo. Ahora conocía a todos. No solo nombres y cargos, sino hábitos. Quién bebía su café demasiado rápido. Quién tarareaba cuando estaba estresado. Quién evitaba el contacto visual cuando mentía. Aprendió qué reuniones necesitaban silencio y cuáles presión. Cuándo hablar. Cuándo