Esa noche, Amber se acostó en su cama y sacó una hoja de papel de debajo de su almohada. Sus movimientos eran furtivos, como si temiera ser descubierta.
Me sorprendió ver que había encontrado mi juego de escritura personal, el que tenía el emblema de un lobo plateado que mamá me había regalado por mi cumpleaños número dieciséis. El papel color marfil y los sobres a juego habían sido mi posesión más preciada, algo que usaba solo en ocasiones especiales. Ni siquiera me había dado cuenta de que Amb