—No Scarlett, no mi niña, no puede ser —repitió una y otra vez, con su voz quebrada.
El médico forense de la manada llegó en minutos, su rostro era sombrío mientras inspeccionaba la escena. Se arrodilló junto a lo que quedaba de mí, con cuidado de no perturbar la escena del crimen.
—Basándome en el estado de descomposición, puedo afirmar que la víctima ha estado muerta durante varias semanas —declaró de manera clínica.
—Y estas quemaduras... —Examinó las porciones carbonizadas de mis restos—. No