---
Davi ya está completamente vestido e impecablemente arreglado, con su postura erguida y su semblante serio, impasible, impenetrable. Esa sonrisa pícara, esa mirada lasciva, esa expresión apasionada... Todo ha desaparecido, dando paso a una frialdad calculadora que me da escalofríos.
Mientras tanto, lucho por cerrar la cremallera de mi vestido, sintiendo mis manos temblar y mi corazón acelerarse. El contraste entre nosotros es abismal, evidente, humillante.
Entonces, la realidad me golpea