—Le gustas mucho —dice Celina, rompiendo el silencio. —De hecho, se ha encariñado contigo. Siente protección en ti. Cuando descubriste su existencia, ¿qué pensaste? ¿No pensaste en rechazarlo?
—Me afectó mucho —respondo, con la voz sincera. —Mi cabeza estaba a mil. Pero en ningún momento lo culpé. Sabía que él era la mayor víctima. Y después de saber lo que pasó, no podía ser egoísta y excluirlo, negarle lo que es suyo por derecho.
Mi voz se quiebra un poco, y necesito respirar hondo antes de c