Corrí por los pasillos del hospital, quitándome los cubrezapatos en el camino, volando por las escaleras hasta la farmacia central. Golpeé el mostrador de cristal.
—¡Dame diez ampollas de Alprostadil 50 microgramos y tres bolsas de suero fisiológico! ¡AHORA! —ordené al farmacéutico de guardia.
El chico me miró asustado, ajustándose las gafas.
—Doctora... ¿Alprostadil? Pero eso es medicación para la disfunción eréctil masculina, usted no puede pedir eso para...
Avanacé sobre el mostrador, cogí e