—Vale, vale. Haré esta mierda. Pero solo es una semana, ¿me oyes bien? Si pasa de eso, cuento la verdad.
—¡Gracias, mi amor! ¡Te quiero! —doy un grito de alegría y le doy una palmada en el hombro.
—Eres muy falsa, ¿lo sabes? —ríe, negando con la cabeza.
Vamos charlando de tonterías el resto del camino hasta llegar al condominio. Aparca, cogemos el ascensor y subimos. Marcos pone la llave en la cerradura y abre la puerta. En cuanto pongo un pie dentro, me encuentro con mis padres sentados en el