— Bueno, dejando los sentimentalismos a un lado, hemos venido hoy porque necesitamos tener una conversación de hombre a hombre con Davi —Fernanda corta el ambiente meloso, con la voz dura como la piedra.
— ¿Y el niño, Fê? —pregunto al instante, con el corazón dando un salto en la caja torácica.
— Está con Camila y con doña Celina —responde ella. — Dentro de un rato lo traen aquí.
— Está bien... Pasad, por favor —digo, abriéndoles paso.
— Vaya, ¡pensé que nos ibas a dejar pudriéndonos aquí en el