En cuanto el motor se apaga, un empleado del lugar viene corriendo a ayudarnos a descargar las maletas. El chico intercambia unas palabras rápidas con Davi mientras yo me adelanto, entro en el coche y me quedo esperando en el aire acondicionado. No tarda mucho, Davi sube al vehículo, arranca, pisa el acelerador y salimos del recinto derrapando sobre el asfalto con toda la caballería del motor.
El camino de vuelta a la civilización es tranquilo, y pasamos buena parte del trayecto enganchados en