— ¡Por el amor de Dios! —exclama ella, con los ojos desorbitados de puro pavor.
— ¿Qué pasa, Lurdes? ¡Caramba! —pregunta Davi, encontrando gracia a la reacción de la mujer. — Parece que has visto al mismísimo fantasma en el pasillo.
— ¡Pues lo pareció! —dice ella, llevándose la mano al pecho para recuperar el aliento. — ¡Qué sorpresa! Habíais desaparecido del mapa sin dar señales a nadie, y ahora aparecéis aquí de la nada, como si nada hubiera pasado.
— No hemos desaparecido de ningún sitio, do