— ¿Es verdad ese rumor? ¿Está embarazada? —preguntó doña Celina, acercándose a mí con las manos juntas sobre el pecho, la imagen perfecta de la preocupación maternal.
— Es completamente cierto, doña Celina —confirmé, con la mirada firme. — Está esperando un bebé de él.
— Dios mío... no puede hacer una locura así —susurró Celina, la voz temblorosa de pavor.
— ¡Davi es un idiota! ¡Un imbécil irracional! —exclamó Camila, dando una patada en el suelo, furiosa. — ¿Cómo es capaz de perder los estribo