— Voy a casa de Beatriz —respondí, respirando hondo. — Quiero saber si estuvo con Alice anoche y si sabe alguna pista sobre dónde pudo haber ido mi amiga.
— Te llevo. Vamos en mi coche —ofreció al instante, sacando las llaves del bolsillo.
Subimos al coche sin mediar palabra. El trayecto de unas manzanas hasta el edificio de Beatriz se hizo en un silencio cortante. Bajamos en cuanto el coche se detuvo en la plaza, cruzamos la portería del edificio y cogimos el ascensor hasta el piso del apartam