—Voy a decir solo una vez —dice él, con la voz controlada, pero llena de veneno. —Se acabó la amistad de esa zorra contigo.
—No se ha acabado —respondo, con la voz firme. —Y ella no es una zorra.
—¿Vas a defenderla? —pregunta él, incrédulo.
—Voy a defenderla —respondo, con la voz decidida.
—Tú y ella son de la misma calaña —dice él, con la voz cargada de desprecio. —Dos vagabundas, zorras, perras. Eso y mucho más.
Ha pasado el límite. Cojo mi bolso y salgo del coche, dando un portazo al cerrar.