Dafne y Hans tenían un entendimiento tácito sobre este asunto. Él conocía cada detalle de su cuerpo, como el pequeño lunar claro en el lado derecho de su pecho, pero no tenía su número de teléfono. Parecían dos extraños que se conocían bien …
Hans la miró fríamente. Dafne se esforzaba por contener las lágrimas y preguntó:
—Por cierto, ¿realmente no te involucrarás en mis asuntos en el futuro?
—Sí. A partir de ahora, tu vida y tu muerte no me importarán.
—Entonces, me quedaré más tranquila. En el