En la esquina cercana, Dafne se escondía tras una pared, observando conteniendo la respiración, como si fuera una ladrona. Pudo ver a Hans, distante pero noble, inclinándose para entregarle dos helados de fresa a Esperanza. También presenció cómo Hans acariciaba tiernamente la cabeza de Esperanza con su gran mano. Ambos esperaban en la fila para comprar helado, como un padre común llevando a su hija a disfrutar de un dulce.
Ella no se atrevía a acercarse, tenía miedo de que, si aparecía, esa ima