Era la primera vez que Dafne entraba en la oficina de Hans. Tenía las mismas impresiones que cuando visitó su villa: elegante, sencilla pero impresionante. Había un gran ventanal por donde se filtraba la luz del sol, iluminando toda la oficina.
Sin embargo, la luz brillante no podía iluminar el rostro sombrío del hombre. Dafne se encontraba debajo de un aire acondicionado, sintiendo un fuerte frío que le recorría el cuerpo. Preguntó con cautela:
—Señor Rivera, ¿por qué me buscó?
Hans, sentado en