Dafne temblaba mientras desabotonaba lentamente uno a uno los botones de su blusa, revelando su hermoso pecho blanco y tierno. Finalmente, la blusa blanca cayó al suelo. Dafne se quedó parada en su lugar, solo con su ropa interior, abrazándose a sí misma para cubrir su pecho desnudo. Se sentía como una muñeca transparente, vulnerable y sin dignidad. Con voz temblorosa, preguntó:
—¿Debo seguir quitándomela?
Miró al hombre alto y dominante frente a ella, con los ojos llenos de lágrimas y una mirad