Hans la miraba con una expresión serena hasta que Esperanza extendió su mano y agarró la suya, preguntando:
—Papá, ¿por qué tienes las manos tan frías?
Hans se agachó para ponerse a su altura y la miró a los ojos. Su voz sonó ronca cuando finalmente pudo hablar:
—Tu mamá no todavía puede aceptarme.
Esperanza levantó su manita y acarició la cabeza de Hans, reconfortándolo:
—Papá, no te pongas triste. La próxima vez que vea a mamá, le diré algunas palabras bonitas por ti. Mamá tiene un corazón tie